Vista 1945

Vista 1945
Hotel Boulevard Atlántico. Mar del Sud. Año 1945. Archivo Pablo Grigera

lunes, 4 de noviembre de 2013

Médicos y arquitectos

Muchas veces los arquitectos empleamos un léxico común con los médicos. Hablamos de patologías, intervención, diagnóstico, pruebas de laboratorio y hasta de gammagrafías al referirnos a los estudios realizados con rayos gamma y que nos permiten determinar componentes  y cantidades de hierro de una estructura de hormigón.

Para realizar una cirugía estética en el rostro, nadie dudaría en primera instancia en concurrir a un médico, a un especialista.  Este seguramente solicitaría exámenes que determinen el estado del paciente, de su corazón, arterias, exámenes dermatológicos, tomografía cerebral, etc,  para así  poder operar reduciendo los riesgos que cualquier cirugía implica.
Ningún profesional empezaría a intervenir las facciones de un paciente sin antes cerciorase de que todos los  estudios previos estuviesen correctos y en el caso de que alguno de ellos no fuese satisfactorio, evitaría realizarla hasta que todos los parámetros estudiados fuesen  satisfactorios.

Con los edificios pasa lo mismo, y en especial en un área tan sensible  como lo son las intervenciones en edificios con valor  patrimonial. Debemos primeramente establecer un estudio de las patologías que presenta el edificio, comprender su funcionamiento, sus lineamientos, su historia,  para así poder dar un diagnóstico de la situación y poder obrar en cuestión.

Ahora bien: ¿Ud se realizaría un a cirugía estética en su rostro sin haber hecho los estudios pre quirúrgicos?

Asociemos la idea de un edificio con la de un ser humano: las cañerías, a sus arterias; la vida de sus patios, a su corazón; su mansarda con la cabeza;  o la fachada con su piel. Nuevamente pregunto: ¿es posible disociar una falla en cualquiera de ellos (arterias, corazón, cabeza, piel ) en relación  con la cirugía en sus facciones, su fachada?, ¿No se vería afectada esta por los problemas “no-solucionados” de las otras?

Siempre habrá buenos y malos médicos, arquitectos, gente que se auto medica o que construye sin un profesional , pero creo que nadie sería tan suicida de pensar en operarse fuera de los criterios que regulan la actividad médica o en el caso de la fachada, de los parámetros que regulan el accionar del especialista  en restauración.

Desgraciadamente la realidad es contraria a estas afirmaciones, prueba de ello son las miles de intervenciones clandestinas realizadas, desde abortos a cirugías estéticas y lo mismo ocurre con los edificios, al accionar  sobre  los mismos sin considerar  sus patologías.

Detrás de esas facciones hay una vida, hay esperanzas  y sueños;  una historia y un volver a vivir detrás de la fachada. No podemos ser indiferentes a eso por más que nos convenzan los programas de televisión de la tarde de las bondades del cirujano de moda, o los desarrolladores de un proyecto, de la “calidad”  de la intervención.
La  expresión  final de ese rostro dependerá, no sólo de la habilidad de quien la operó, sino también, y al igual que los edificios, de sus conocimientos estéticos y en especial, de su sensibilidad.

Esperemos finalmente que cuando veamos un rostro que buscando embellecer sus facciones pasó por un quirófano, podamos admirar, no sólo la habilidad y estética del profesional que lo intervino, sino también sus resultados.  
Desgraciadamente ya hay demasiados cirujanos, que repitiendo las mismas facciones, nos hacen recordar lo irreversible de una mala  intervención.


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