Vista 1945

Vista 1945
Hotel Boulevard Atlántico. Mar del Sud. Año 1945. Archivo Pablo Grigera

domingo, 30 de marzo de 2014

Los efectos del "Gambismo" en la arquitectura del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.

Hace muchos  años atrás, cuando asistía al Curso de Posgrado en Preservación, Conservación y Reciclaje  del Patrimonio en la Universidad de Buenos Aires, nos contaron la historia de un viejo profesor de la escuela de Bellas Artes de Varsovia, que ante la inminencia del estallido de la Segunda Guerra Mundial, no dudó en salir con sus alumnos a registrar moldura por moldura los viejos edificios del centro histórico de la ciudad.
Terminada la contienda estos servirán de base para la reconstrucción de aquellos  edificios a los que la guerra había convertido en escombros, proeza realizada por un sinnúmero de arquitectos, restauradores y trabajadores, sentando un precedente único y que servirá de referencia para otros casos posteriores. Fruto de este trabajo conjunto y que involucró a toda la sociedad polaca, su barrio histórico, el “Stare Miasto”, será inscripto por la Unesco en su lista de Patrimonio de la Humanidad en 1989.

Laureano Clavero viene trabajando desde hace muchos años, a partir de la publicación de su blog “Donde Sopla el Viento”[1], en la recopilación de historias de Mar del Sud dando a publicidad aspectos poco conocidos de la localidad, pero también ha realizado un trabajo de registro fotográfico sistemático y exhaustivo del Hotel Boulevard Atlántico y que tiene un valor incalculable. Quizás al igual que el viejo profesor polaco, la monumental tarea de Laureano, no sólo sirva para reconstruir la arquitectura del hotel sino también para ilustrar, con la maestría de sus imágenes, el estado previo del edificio a la demolición sufrida por el contrafrente del mismo, y de la cual el actual poseedor es responsable, realizada en los primeros meses de 2012 y coincidente con el proyecto faraónico de puesta en valor que planeaba realizar el Grupo Marum y del cual, esas acciones, han sido su consecuencia.

Esas imágenes, tomadas previamente a la demolición, pueden ser comparadas con otras fotografías, las que, con fecha inmediatamente posterior a la catástrofe, ilustran perfectamente el alcance de dicha destrucción.
Este trabajo quiere hacer hincapié también en descartar de plano el falaz argumento de que a causa del mal estado del edificio se realizó su demolición para así poder convalidar el hecho atroz de la venta de las partes originales componentes del edificio con un fin meramente económico, prueba de ello son las más de cuarenta carpinterías, postigones, los cientos de metros cuadrados de pinotea, las barandas de sus alas de habitaciones y tantas otras piezas vendidas y perdidas para siempre, que han diezmado en un corto plazo de tiempo al patrimonio del edificio.
En notas anteriores habíamos definido al Gambismo “como el hecho de apropiarse de un bien patrimonial, legal o ilegalmente, ejerciendo conductas personalistas que impiden el rescate del bien patrimonial. Este tipo de escuela  ejerce conductas mitómanas que tratan por todos los medios de acrecentar el culto a la personalidad del poseedor del bien en detrimento de la del propio edificio, no distinguiéndose quién es más importante si este o aquel”. Esto agregábamos  “lleva indefectiblemente a la ruina, a la decadencia y a la pérdida del bien patrimonial a partir de la destrucción y venta de sus partes como un modo de solventar la vida del poseedor del bien”.







Esperemos finalmente que este trabajo pueda hacer tomar conciencia de la necesidad de encarar un proyecto de intervención profesional del hotel así como detener el desguace sistemático del edificio y efectuar los castigos que la ordenanza denominada Código de Preservación  Patrimonial de General Alvarado[2] perfectamente establece: “Las infracciones a la presente ordenanza serán sancionadas con multa al propietario y profesional interviniente, que se graduará en proporción a la gravedad de las mismas, entre 1 y 250 salarios mínimos del agente municipal con horario completo, así como la restitución al estado anterior de las cosas, si esto fuera posible…”.De lo contrario, estaremos dejando sin castigo a todos aquellos  que pergeñaron tamaño atentado al patrimonio arquitectónico, cultural e histórico de General Alvarado y, dadas las características únicas del edificio, del de todo nuestro país.






Un especial agradecimniento a Laureano Clavero por las fotografías del antes del desastre, al Chino Albertoni  y, a Pablo .... , por las posteriores a la demolición.



[1] enelmardelsur.blogspot.com
[2] Ordenanza 307/00. Código de Preservación Patrimonial. Art 21. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Elginismo y Gambismo

Releyendo en estos días una revista del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)[1], se publicó una reseña sobre la charla dada por el arquitecto José Merino de Cáceres, catedrático y emérito de la Universidad de Madrid, en el Curso de Conservación del Patrimonio Arquitectónico, CCPA 2013.
En el se refiere al elginismo como un  término más abarcativo que el de expolio  en relación a la destrucción del patrimonio, entendiendo a este como  la incautación, saqueo o venta con afán de lucro de bienes, cualquiera sea su tipo, por parte de arqueólogos, coleccionistas, turistas, etc.
Según Merino de Cáceres el adjetivo “elginism” había sido utilizado por Lord Byron como una crítica a la actuación del conde de Elgin por el traslado a Inglaterra de los mármoles del Partenón y de otros edificios de Atenas.
El elginismo es la versión más sutil y sofisticada del expolio artístico, la más interesada y la más engañosamente justificada; enmascarado como “ vindicable actividad cultural” en su trasfondo subyace un desprecio por la memoria histórica de los pueblos y una ambición por apropiarse de un pasado cultural ajeno y superior al propio, prevaleciendo por encima de todo un interés crematístico.”
Así, continúa el arquitecto Merino de Cáceres,”por elginismo definimos las operaciones, generalmente clandestinas y con fuertes intereses económicos de por medio, de desmembrado o destrucción de edificios históricos, con traslado de sus piezas, a fin de saciar las ambiciones artísticas de personajes acaudalados, coleccionistas o museos”

Quizás ninguna de estas definiciones encuadre perfectamente a lo que ha sucedido, a través del tiempo, con la destrucción del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.
Estudiosos contemporáneos han publicado una nueva definición, que se acerca más a los sucesos acontecidos en Mar del Sud, calificando a estos hechos con una nueva denominación: gambismo. 
El adjetivo gambismo es un término que deriva de la figura de Sir Edward Gambing, inglés, propietario del castillo de Southlansee al sud este de Londres.
Sir Edward vivía en su antigua propiedad considerada como uno de los mayores testimonios en pie de la arquitectura de origen normando. Personaje de la comarca, su mímesis con el edificio era tan notable que convertía al edificio en una prolongación de su propia personalidad.
“ I don’t own the castle, I’m part of it”[2]
Cada día el edificio iba decayendo un poco más, décadas de abandono iban destruyendo poco a poco el edificio sin que Sir Edward aceptara ayuda alguna que permitiese rescatarlo. En el fondo no quería que fuese rescatado, quería ver reflejado en su decadencia el recuerdo del esplendor de antaño, que singularmente era un recuerdo sesgado de la historia decadente del edificio. Sir Edward siempre ponía alguna traba que impedía su rescate, el quería permanecer allí, en su lugar, donde era respetado, donde su figura inspiraba los más increíbles cuentos y publicaciones que inclusive habían llegado hasta Londres a partir de las representaciones de juglares trashumantes que recorrían el reino contando sus delirantes historias.
Para sobrevivir, vendía las partes de su castillo, poco a poco, de acuerdo a sus necesidades pero nunca grandes cantidades. Pizarras, pisos, ventanas, persianas, todo era vendible y objeto de cambio.
La única vez que claudicó fue ante una propuesta más estrafalaria que su propia vida, era coherente con su sentir y de ahí su  aceptación consciente de que esta no sería una propuesta más. Comenzó a desmantelar sectores enteros del castillo que no formaban parte del proyecto vendiendo sus partes por unas pocas libras. Pero el proyecto fracasó, del castillo quedó una cáscara vacía carente de significado que le permitirá a John Ruskin, unos siglos después, enunciar sus postulados sobre la condición de ruina de un edificio y la aceptación de la muerte digna del monumento.[3]

Hoy en día definimos al gambismo como el hecho de apropiarse de un bien patrimonial, legal o ilegalmente, ejerciendo conductas personalistas que impiden el rescate del bien patrimonial. Este tipo de escuela  ejerce conductas mitómanas que tratan por todos los medios de acrecentar el culto a la personalidad del poseedor del bien en detrimento de la del propio edificio, no distinguiéndose quién es más importante si este o aquel. Esto lleva indefectiblemente a la ruina, a la decadencia y a la pérdida del bien patrimonial a partir de la destrucción y venta de sus partes como un modo de solventar la vida del poseedor del bien.
Escritos medievales, rastreados por investigadores decimonónicos, ilustran el pensamiento de Sir Edward, quien llegará a afirmar: “but if the castle sink i will sink with it[4]

Del edificio, mucho costó su recuperación, era tanto el destrozo generado por Sir Edward que casi nada quedaba de el. Pudo ser rescatado, no como se hubiese querido, y hoy funciona como un albergue de pueblo. Mucho se perdió y hasta los arqueólogos creen encontrar, y salvando las distancias, huellas en común con Heinrich Schliemann, el famoso arqueólogo alemán, quien no dudó, al excavar buscando la Troya de Homero, en destruir los distintos estratos de ocupación que antecedieron a los de la ciudad con la enorme pérdida que esto significó para la humanidad.
Quizás, y eso dicen algunos,esto no sea más que  una exageración, pero no tanto como el daño que Sir Edward hizo a través de los años a su bello castillo.





[1] Notas CPAU. Nº24. Diciembre de 2013.La Aventura Moderna.1913.
[2] Folium XII. Sextilis XVIII/MMXIII .El “castillo” no me pertenece, sino que yo pertenezco al “castillo”.Trad. Grigereae.
[3] Las ideas de John Ruskin (1819-1900) planteaban que los  monumentos debían ser intervenidos minimamente. Antes que restaurar era preferible dejar la obra como está. Sus ideas se engloban dentro de lo que se conoce como la Restauración romántica, entendiendo la interacción con el monumento como de manera contemplativa.
[4] Nationae. Ianuarios. XX1/ MMVII.”Pero si el “castillo”se hunde, yo me hundo con el”.Trad. Grigereae

viernes, 14 de febrero de 2014

Un cuento de Pampistas


Este cuento pertenece a Isaías Leo Kremer a quien conocí al iniciar mi investigación sobre la historia de los “Pampistas” allá por el año 1997 Sus enormes conocimientos de la historia de la inmigración judía fueron vitales en aquellos primeros años para orientarme acerca de los aspectos poco conocidos del periplo y de los cuales ha sido un sabio inquisidor. Ingeniero agrónomo de profesión y escritor por vocación, Isaías es uno de esos grandes personajes que la vida me ha permitido conocer. Su profesión lo ha llevado a recorrer gran parte del país permitiéndole recopilar infinidad de historias que ha volcado magistralmente en sus libros. En estos últimos tiempos, proyectos sobre la historia de los Pampistas en los que ambos estamos involucrados, me han permitido volver a disfrutar de esas largas charlas con Isaías. Es por todo lo expuesto que me permito compartir con Ud, y con el permiso del autor,  este cuento sobre Mar del Sud.

J O V E L E , L A   D E L   M A R    D E L   S U D

Jovele nunca había visto el mar tan apacible y quieto, con su fluir y refluir en el suave atardecer de la costa atlántica, conocía el otro mar, el oscuro y amenazante de los puertos asiáticos y europeos, donde el numeroso grupo humano era rechazado una y otra vez.
               
De Alejandría, de Jaffo, de Estambul, Marsella, Burdeos y por fín el agua mansa y oscura del puerto de Buenos Aires, donde todos descendieron esperanzados pero temerosos; habían dejado atrás la larga travesía con frío, hambre y hasta con muertos al caer un mástil frente al puerto de Marsella en una noche de temporal a bordo frente a la costa francesa, donde recién después de arduos e interminables trámites, les permitieron trasbordar al viejo Pampa, que por fín los llevaría a la tierra prometida y largamente soñada.
                              
Atrás quedaron el recuerdo y la memoria nunca tan bien simbolizados como con la orden del Barón recibida en Estambul: “No viajarán judíos con barbas largas ni con kaftán”. Ese fue el corte abrupto con el mundo viejo, con el hombre judío del ayer; hubo llantos, risas, discusiones y amenazas, unos lo hicieron por propia decisión y otros fueron víctimas durante el sueño pero a la mañana siguiente, los trozos de kaftanes entreverados con pelos de barbas y aladares, tapizaban el suelo y los hombres aparecían con caras nuevas, con expresiones distintas, rostros nunca vistos, eran las nuevas apariencias de esos pioneros que con dolor, estaban dispuestos  a afrontar un nuevo desafío para los judíos: transformarse en hombres distintos en un suelo desconocido, traerían como armas sus arados y su Toráh y así se animaron a la histórica epopeya sin retorno.
                              
La llegada al Hotel de los Inmigrantes, significó un reparador descanso para las aproximadamente 800 personas que descendieron del barco. Pero en tierra existían otros peligros, fundamentalmente el de los Tmeim (impuros) que acicateaban a las mujeres jóvenes para que los siguieran y muchas lo hicieron, pero el espíritu de grupo primó por sobre las disidencias y recibieron con agrado la noticia de que serían llevados  al “Mar del Sud” para un período de adaptación y descanso. Después del viaje en tren hasta Mar del Plata, se prepararon 60 carretas con bueyes, que durante dos días llevaron a los azorados inmigrantes hasta el rojo y elegante edificio del Boulevard Atlántico erguido majestuoso frente al amplio mar, que los aguardaba calmo y apacible recibiéndolos en paz.
                              
Para los futuros colonos los días transcurrieron tranquilos y serenos, hicieron su salón de oración en un ala del hotel, el sol doró sus pálidos cuerpos, el agua de mar tonificó sus fláccidos músculos; por orden del Barón eran atendidos por solícitos lugareños que no les mostraban ninguna hostilidad, muchos de ellos venían con largas melenas y desgreñadas barbas, se acercaban tratando de entablar diálogos; más allá de las palabras, traían obsequios y frutas para los niños; Jovele los contemplaba, altivos e indómitos, con sus ponchos oscuros que contrastaban con los blancos que cubrían a sus paisanos. Entre ellos había muchas diferencias pero ninguna hostilidad y la curiosidad por conocer al otro, tan distinto, permitía un acercamiento que muchas veces adquiría ribetes cómicos para ambas partes y terminaban situaciones confusas con sonoras carcajadas, que también unían a los hombres en un acto común.
               
Fue a raíz de una casualidad que se desató la tragedia, los criollos del lugar viendo a tantos niños en el viejo hotel, decidieron llevarles mascotas  y juegos para su solaz, entre ellos traían pichones de loros barranqueros que rápidamente fueron distracción para los numerosos párvulos; con su “parloteo” permanente alegraban a los niños que circulaban con sus verdes pájaros por toda la colonia. Al poco tiempo, comenzaron a enfermarse  y se produjeron muertes hasta llegar a un centenar. Los primeros sinsabores en la nueva tierra, las primeras lágrimas asomando  en los sufridos ojos, mientras la ancha pampa oía por vez primera el doliente  Kadish de los pioneros acompañados por los criollos en muda reverencia ante el dolor.
               
En esa época, lejos estaban de conocer la psitacosis y sus efectos, pero con un criterio aprendido durante otras epidemias en el viejo mundo, las madres llevaron a sus hijos a lugares lo más alejados posible del hotel, al aire puro del mar y a los rayos del buen sol. Jovele, a la sazón una jovencita adolescente, siguió por entre los altos pastizales y como era de esperar, se perdió; quizás haya sido por su enfermedad incipiente que se habría contagiado, quizás fuera solo desesperación, pero al llegar la noche deambulaba agitada, con frío y miedo, segura de estar afrontando el fín  de su vida. Pese a todo siguió caminando a tientas hasta que numerosos y amenazadores ladridos, le indicaron la segura presencia de lobos hambrientos como los que conociera en la estepa siberiana; el súbito temor hizo que se desvaneciera y allí quedó su cuerpito temblando bajo la luna grande , a merced de los lobos aullantes.
               
Toribio Allende no dio importancia al ladrido de sus perros, seguramente alguna liebre o vizcacha provocaba los mismos, se disponía a comer un asado al calor del fogón en su rancho pobre, pero fue tanto el alboroto de los guardianes, que decidió salir a la noche por si alguien estuviese merodeando en sus corrales, no halló merodeador alguno sino el cuerpo tembloroso de la delgada jovencita.
               
Alzó el cuerpo liviano, lo llevó al rancho, lo depositó sobre su viejo catre y lo cubrió con su poncho pampa, intentó hacerle beber una sopa a la chica pero fue imposible, tampoco balbuceaba palabras que Toribio pudiese entender; avivó el fuego, cortó trozos de papa que ponía sobre la ardiente frente de la muchacha y cuando éstas tenían temperatura, los cambiaba por trozos recién cortados, como había visto hacer a su madre cuando era niño y alguien tenía fiebre; hirvió hojas de eucaliptus y la atmósfera del pequeño rancho se llenó de vapor, pero la niña seguía temblando de frío y a falta de más abrigo, el criollo acercó su cuerpo al de la joven y se durmió abrazándola y dándole su propio calor  que era el último al que podía recurrir.
               
Fueron dos días de vigilia y zozobra hasta que la blanca niña abrió sus ojos y dejó de temblar, desconoció el lugar, no recordaba detalles y se veía en un catre maltrecho cubierta por un jergón manchado mientras frente a ella, un joven morocho chupaba un palito de un jarro de madera; solo se tranquilizó un poco (no mucho) cuando vio los ojos del hombre que la observaban con una mirada buena y su boca mostrando una hilera de dientes blancos que esbozaban la mejor sonrisa para celebrar su despertar.
               
Demasiado débil para caminar, aceptó los cuidados y la comida que el gaucho solícito le acercaba, no podían entenderse  a través de las palabras, pero el lenguaje gestual fue suficiente para saber que eran salvador y salvada, así establecieron una corriente de comunicación cuyos únicos sonidos comprensibles eran “Jove” para el criollo y “Toibo” para la jovencita; una vez recuperada Jovele, se hizo entender por Toribio para ser devuelta a los suyos y así fue.
               
Gran conmoción fue para los paisanos, en medio de su tragedia, ver aparecer a Jovele en “ancas de un potro” atrás del muchacho criollo, una vez aclarado lo ocurrido con ayuda de intérpretes por ambas partes, el “mozo Toribio” fue invitado a compartir la vida de los pioneros en el viejo hotel junto al mar; éste aceptó el convite y siendo de oficio domador, trajo a su tropilla de un pelo y mostraba a diario el arte de la doma a los futuros colonos, quienes trataron de emularlo y pese a que muchos montaban para atrás o caían ni bien montaban, comenzaron a aprender el arte que tan bien dominaron luego con el correr de los años.
               
Por fín después de algunos meses llegaron las esperadas noticias, las tierras de Entre Ríos habían sido otorgadas y todo estaba listo para recibir a los pioneros en sus chacras; se alternaban las escenas de alegría y de pesar, los padres no querían abandonar las tumbas aún frescas de sus hijos, otros no querían alejarse de un lugar que se asemejaba al paraíso soñado; pese a todo comenzaron a cargar las 60 carretas que los llevarían a Mar del Plata y de ahí irían directamente hasta  el lugar donde los aguardaba la verdadera vida de chacareros, en su propia tierra, como soñaran alguna vez en el viejo mundo.
               
Comenzó el lento éxodo hacia el destino, el paso lento de los bueyes bajo el sol de fuego o de la luna callada los acercaba más hacia la meta, en una de las carretas, Jovele no podía sustraerse al recuerdo del mozo agreste que la abrigara con su cuerpo, su aroma fuerte, la mirada buena y la sonrisa franca no se iban de sus pensamientos y consciente o no de sus actos y sin medir consecuencia alguna, aprovechó los altos pastizales y en un alto de la huella, abandonó la caravana para volver sobre sus pasos; a poco andar, ya estaba arrepentida  mas no había retorno y lloró como hacen los niños cuando saben que están en falta, pero ya no era una niña y no tenía posibilidad de alcanzar a las carretas. Así la encontró el mozo criollo, tampoco él midió lo que estaba haciendo pero en aras de una locura, decidió seguir a la caravana aunque más no fuera que para un último adiós, por lo que los dos volvieron a encontrarse, tan distintos, pero atraídos el uno por el otro y decidieron quedarse.
               
No fue nada fácil la vida de los pioneros en Entre Ríos, tampoco lo fue para Jovele junto a Toribio, pero había sido su elección y acertada o no, estaba junto a un hombre que la quería, no le pegaba y a su manera le brindaba todo su amor. Jovele seguía entonando por las mañanas sus “freilaj” (canciones alegres)  y pronto su rancho se llenó con la algarabía de pequeños que tenían lo mejor de ella y del “Toibo” en sus rostros; extrañaba y mucho a los suyos, pero ésta era su vida, no era la que su padre hubiese elegido para ella, pero la paz del lugar y ver a sus pequeños cabalgando en briosos potros, sorteando las danzarinas olas, la llenaba de alegría.
               
Unos años después, Jovele junto a su familia se trasladaron a un lugar más alejado de la costa, principalmente por una necesidad de alimentos e hizo como viera hacer a su madre, cortaba trozos de papa y los desparramaba en la negra tierra virgen que aguardaba impaciente la semilla, para otorgar vida al amparo de su calor y fertilidad; sus niños, más como si fuera un juego que una tarea la imitaban, tapaban con sus piecitos descalzos los trozos de papa  diseminados en torcidas líneas. El resultado fue imprevisto, hubo tanta cosecha, que Toribio Allende  pasó de domador a papero, con las manos llenas de oscuro barro toda la familia extraía de la buena tierra el sano producto que de inmediato cambiaban por otros insumos necesarios.
               
Al cabo de unos años organizaron el sistema, consiguieron tierras fiscales que les fueron otorgadas y en pocos años y con mucho sacrificio Jovele, la del Mar del Sud, pasó a ser “Jove, la papera”.
               
Toribio y Jove ya eran adultos, la suerte les sonreía, los hijos se criaban sanos en contacto con la tierra y el mar, la muchacha recordaba sus orígenes y contaba a sus vástagos sobre las travesías en el mar, las persecuciones en Rusia, las fiestas judías  y de tantas cosas que había abandonado hacía ya muchos años en pos de una locura de muchacha; fue por eso que, pese a la distancia, decidió hacer el largo viaje y llegar hasta la colonia de Entre Ríos donde su grupo había sentado querencia.
               
Al aparecer en la humilde colonia de “La Capilla” no fue reconocida, observó en qué condiciones vivían y vió que eran tan pobres como lo fuera ella hacía 10 años, pero tenían una vida comunitaria de la que ella carecía, volvió a hablar el “mameloshn” y sintió un inmenso placer al hacerlo, por fín le indicaron donde estaba la chacra en la que vivía su familia y hacia allí se encaminó, no sin temor por lo que pudiese encontrar. 
               
Su padre había fallecido, guardó luto por ella seguro de haberla perdido en el camino y pensando que habría perecido sola, a merced de las bestias del campo. Su madre, ya anciana, la recibió con amor y al saber de su historia, le confesó que muy dentro de ella, intuía la actitud tomada por la otrora jovencita, recibió a sus nietos con el mismo cariño que tenía por los demás y solo le preguntó dos cosas: 1)¿eres feliz? y 2) visitás las tumbas de los pequeños que enterramos frente al mar? Ante la respuesta afirmativa a ambas preguntas por parte de Jovele, le habló con ese lenguaje sabio que solo una madre puede tener para con un hijo y le dijo así: El Altísimo sabe lo que hace, Bendito El, alguien tenía que quedarse en Mar del Sud para visitar las tumbas de nuestros pequeños que se quedaron solos, la suerte cayó sobre vos Jovele y si a eso agregás que vivís en paz junto a tu hombre e hijos, yo como madre también estoy feliz y diciendo esto, abrazó a su hija con un abrazo cálido con lo cual la resarció por tanto sufrimiento y culpa, acumulados a lo largo de los años. 
               
Mientras “Jovele la papera” vivió, iba con frecuencia a Entre Ríos para ver a los suyos y hacerles conocer sus logros, ignoro si después sus hijos mantuvieron contacto con sus parientes (es probable que no). Así se forjó el destino de cada uno,  sé que hasta sus últimos días Jovele solía ir hasta el viejo edificio del Boulevard Atlántico, de ahí caminaba hasta el cementerio de los párvulos, donde limpiaba la arena y las malezas de las abandonadas tumbas, después pasaba largas horas en lentas caminatas  frente al manso mar que viera por primera vez, siendo jovencita, al bajar de la carreta y oyera el mágico nombre de “Mar del Sud”.


P.D.: Pampa : barco que arribó a Buenos Aires el 15 de diciembre de 1891. Trajo 150 familias con un total de 817 personas.
 
No conocí personalmente a “Jove la papera” , pero es un relato-homenaje a Jaim Schmukler, mi abuelo, quien fuera uno de los bruder shiff (hermano de barco), que arribara a estas tierras en el vapor Pampa hace ya más de un siglo.
                                                                                                              ISAIAS LEO KREMER





martes, 11 de febrero de 2014

A 122 años de la llegada de los "Pampistas"

Hace exactamente 122 años, por enero de 1892, el Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud se poblaba de  quienes seguramente fueron sus primeros huéspedes.
Ya me he referido  en otras oportunidades[1] al arribo a Boulevard Atlántico de un grupo de inmigrantes judíos rusos arribados a nuestro país el 15 de diciembre de 1891 en el vapor francés Pampa y que fueron trasladados al Hotel Boulevard Atlántico. La aún  no concretada compra de las tierras de Entre Ríos y la finalización de los plazos de alojamiento establecidos por la Dirección General de Inmigración, obligarán a una búsqueda de alojamiento que terminará, como conocemos, en el Hotel Boulevard Atlántico.
Mucho se ha hablado de lo extraño de este periplo, pero lo cierto es que el viaje y estadía están perfectamente descriptos en las Memorias de la Dirección General de Inmigración correspondientes al año 1892 y en numerosos escritos posteriores realizados por partícipes de aquel suceso, por historiadores de renombre y por descendientes de los mismos.



Si bien no se conoce con exactitud el número de Pampistas (nombre con el que se conoce a los viajeros) que arribaron a Boulevard Atlántico, es imposible suponer, como hemos dicho en otras oportunidades, que hubiesen sido trasladados  en su totalidad al hotel.  Recordemos que el hotel presentaba, en su proyecto original, alrededor de 70 habitaciones, y seguramente hacia 1892 su carcasa muraria estaba completamente terminada, no sabiendo  con certeza el grado de terminación del resto del edificio. Algunas fotografías antiguas nos muestran el hotel hacia 1897 con sus fachadas terminadas pero sin las rejas de su perímetro, suponiendo que ese estado en la construcción no fue muy diferente del que recibió a esos visitantes.
Si consideramos  que el número de habitaciones era de 70 y  siendo el promedio de integrantes de cada familia de 5 personas, sin contar con los solteros, estaríamos hablando quizás de 400/ 500 personas.
Algunas memorias posteriores describen  su número en 80 familias[2], así como otros autores amplían su número a 150 familias, incluyendo a los solteros, siendo esta última  afirmación completamente errónea ya que implicaría a la casi la totalidad del pasaje.[3]
Del viaje y estadía en Boulevard Atlántico (Mar del Sud),  tanto José Liebermann, Lázaro Schallman, Enrique Dickman[4] y otros, han reseñado sus pormenores; la intención de este trabajo es hacer hincapié en los testimonios que hablan de la muerte de unos niños a causa de una peste y su sepultura en Mar del Sud.



Lázaro Schalmann menciona que en los primeros días de estancia en el hotel surgieron enfermedades entre los pequeños, siendo detectados 2 casos de sarampión y 2 de escarlatina, por lo que fueron aislados para evitar el contagio.
Es interesante hacer notar en este punto que al arribo del Pampa la Dirección General de Inmigración había detectado dentro del pasaje numerosas enfermedades atribuyéndose las causas a lo largo y penoso del viaje. En los siete primeros días hubo 235 enfermos siendo la mayor parte por problemas intestinales, bronquitis, angina y escrófula, aunque también se detectaron casos de sarampión.

Prosigue Schallmann diciendo que con posterioridad se produjo una epidemia de tifus que determinó la muerte de algunos niños, no especificando su número, pero que motivará a los encargados del grupo  a enviar a algunos enfermos a Mar del Plata.
Este dato ha sido corroborado a partir de las memorias de Martín Grinstein[5]  quien recuerda que su tía Rosa fue afectada por la enfermedad y enviada a Mar del Plata.
José Liebermann, hijo de Pampistas, difiere en  relación a lo sostenido por Schallman aduciendo que la peste fue producto del contacto de los niños con loros, lo que podría haber generado una epidemia de psitacosis y a consecuencia de ello la pérdida de “decenas de vidas infantiles”.
Liebermann conjetura en unas decenas al número de fallecidos pero sin precisar con exactitud  el número de víctimas.
Quizás sea nuevamente Martín Grinstein quién aventure un número más exacto de víctimas al señalar que murieron 25 chicos y un adulto.
En estos últimos tiempos se ha podido profundizar, a partir de la aparición del listado completo del pasaje, en el estudio de los nombres y apellidos de los viajeros del Pampa, pudiéndose comprobar la existencia de más de una veintena de menores que no figuran en los registros posteriores existentes en las colonias. Quizás habría que teorizar con el hecho de que pudieran haber muerto en el  período de tiempo comprendido entre la llegada del barco, en diciembre de 1891, y la fecha del censo de las colonias, en 1895.
Si bien las enfermedades y la falta de atención, eran causales del fallecimiento prematuro de muchas vidas, es sugestivo encontrar ese número de víctimas entre las familias de colonos que hemos logrado identificar  y que se  asentaron en Entre Ríos, ya que existen hipótesis que del resto del pasaje, algunos volvieron a Europa, otros quizás permanecieron en Buenos Aires, así como también algunos hayan sido enviados transitoriamente a Moises Ville en la Provincia de Santa Fé.
De los fallecidos hemos podido identificar con exactitud a dos de ellos, cuyas identidades son parte de una  investigación que esperemos pueda ser publicada prontamente. En el primero de los casos se ha podido determinar su identidad a partir de las memorias familiares que han reseñado este hecho, transmitiendo estos sucesos de generación en generación pero sin especificar datos filiatorios, cosa que a partir de los listados existentes de pasajeros del barco, hemos podido comprobar. Asimismo las referencias en relación al adulto fallecido nos han permitido confirmar su real identidad y edad, hecho comprobado a partir del cotejo de las listas del pasaje del barco con la de los que se  asentaron en Entre Ríos.


  
En estos últimos tiempos me encuentro abocado a la realización de nuevas investigaciones que puedan poner una identidad a dichas personas a partir de los archivos existentes tanto en las colonias entrerrianas como en Israel.
Del cementerio pocos son los datos que refieren a su ubicación, algunos mencionan de su cercanía con el Arroyo La Tigra a poca distancia del Hotel. Otras dan testimonio de restos óseos aparecidos a la vera del arroyo, así como también a partir de excavaciones realizadas para la construcción de alguna vivienda cercana.
Quizás, del viejo cementerio sólo queden los recuerdos y las dudas en relación a su ubicación, pero lo cierto es que esas tempranas muertes siempre quedarán en la memoria de sus familiares,  convirtiendo a Mar del Sud en un lugar de peregrinaje obligado.





[2] Tierra Soñada. José Lieberman. 1959. Editorial Laserre
[3] Historia de los Pampistas. Lázaro Schallmann. Editorial
[4] Recuerdos de un Militante Socialista. Enrique Dickman
[5] Recuerdos de Entre Ríos. Colonia San Antonio y Pueblo Cazés.Martín Grinstein. Colección Memoria.1998.

martes, 19 de noviembre de 2013

Similitudes, enseñanzas y desvaríos en la proyectada intervención del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.


Este trabajo fue realizado a principios de 2013 en respuesta a todo lo que estaba aconteciendo con el proyecto de puesta en valor del el Hotel Boulevard Atlántico. Fue presentado en agosto de ese año para participar en el Premio Anual de Arquitectura, Urbanismo y Teoría del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires 2013. 
Este escrito  ha circulado también entre especialistas del tema patrimonial, estudiosos del arte, autoridades culturales, colegas y amantes de Mar del Sud poniéndolos al tanto de la situación.
La presencia de imágenes, que fueron modificadas con posterioridad,  testimonian la intención original de los proyectistas en relación al hotel y el poco profesionalismo de la propuesta.
Visto y considerando las actuales circunstancias, he decidido publicar en este blog el trabajo que quedará como antecedente de lo que nunca debió ocurrir..



“  Buenos Aires ha avanzado borrando sus pasos… ha echado abajo, como quien cambia  de muebles y de casa en épocas de prosperidad, su pasado, sus edificios públicos….Ha demolido la arquitectura pero ha derribado también su historia, sin que se sepa cuál es el motivo determinante si este o aquelEzequiel Martínez Estrada.


Similitudes.

Las problemáticas  que presentan en la actualidad muchos edificios de fines siglo XIX son ciertamente coincidentes.
Las mismas líneas estilísticas, similares materiales y respuestas a los problemas constructivos marcan coincidencias manifiestas así como también son similares las respuestas que se han dado a través del tiempo en las intervenciones realizadas en muchos de estos exponentes de nuestra arquitectura.
Hace muchos años siendo estudiante del Posgrado en Preservación, Conservación y Reciclaje del Patrimonio Urbano, Rural y Monumental de la Universidad de Buenos Aires, realizamos los estudios para generar una propuesta de rescate al edificio de la Escuela Normal Superior Nº1 “Roque Saenz Peña”, ubicada en la manzana delimitada por las Av Córdoba, Riobamba, Ayacucho y Paraguay de la Capital Federal.


Escuela Superior Normal 1.Año 1900.

Este edificio, obra del arquitecto Ernesto Bunge[1], fue construido a partir de 1880 en varias etapas, ya que la falta de fondos obligará a la construcción, en una primera instancia sólo del frente sobre la Av Córdoba.
A partir del año 1885 y ante la necesidad de mayores espacios se inicia la construcción del ala central ocupada por el salón de actos,  con lo que la planta del edificio asemejará inicialmente a una “T” conformando así dos patios separados por esta nueva construcción. Esta nueva ala se terminará de construir recién en 1890, pero será a partir de 1900 en que se completa el edificio ocupando así la totalidad de la manzana.

Planta Baja. Escuela Normal Nº1. Roque Saenz Peña.
                                                                 
Este edificio es un fiel exponente de los criterios proyectuales empleados en el diseño de escuelas a fines del siglo XIX, destacándose sus amplias aulas, sus techos altos, sus amplios patios y un eje de simetría marcado  enfatizado en un importante hall de acceso que remata en una imponente escalera y vitral. Su ubicación, en diálogo con el edificio de Aguas Corrientes y con otros exponentes de nuestra  arquitectura escolar como el Colegio La Salle , del Salvador y el Palacio Pizzurno, marcan la importancia patrimonial de este sector de nuestra ciudad.
El arquitecto Gustavo Brandariz [2]en su trabajo “El Pensamiento Sarmientino en la Arquitectura Escolar” se refiere  a estos edificios sosteniendo que:  “Hoy vivimos tiempos en que los niveles de ignorancia han vuelto a ser muy preocupantes; así y todo, no todo está perdido. Pese a las sinrazones que nos dominan, heredamos una teoría valiosa y un buen número de edificios de calidad y jerarquía, que resulta indispensable preservar. Mucho se ha perdido pero aún es mucho lo que se conserva y en un estado que aún hace posible su feliz recuperación. Hacen falta capitales pero, sobre todo, hacen falta ideas: ideas que revaloricen este legado, no por nostalgia hacia un tiempo glorioso pero ya ido, sino por convencimiento de que es deseable continuar en el tiempo la vigencia de unos principios que, cuando se aplicaron, dieron buenos frutos. La educación griega heroica dio por fruto la Atenas de Pericles; la siembra sarmientina dio por fruto el país del Centenario y de los tiempos de Alvear, el país al cual venían millones de inmigrantes y que llegaba a ubicarse en el 5º puesto en el mundo en reservas de oro” .
En julio de 1972 el Ministerio de Educación  firma un convenio para construir un Centro Integral de Educación según las resoluciones 1813 y 2357 del 19 de julio y 1º de octubre de 1973 para lo cual se plantea la demolición total del edificio. La obra es encargada a los arquitectos Rosetti y Preocupez bajo las directivas de la Dirección Nacional de Educación.

Proyecto año 1972. Arq. Rosetti.
                                         
Ya en 1972 la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos en referencia a los intentos de declarar al edificio Monumento Histórico expresaba que “que el inmueble no reúne las condiciones que deben darse para ostentar tal declaración, su antigüedad es relativa, su arquitectura es la común de los edificios de la época, no se ha registrado en su ámbito ningún episodio histórico y su vinculación con las ilustres figuras que allí dictaron cátedra no es fundamento que avale dicha solicitud”.
En 1974 se licitan las obras de la primera etapa pero la Asociación de ex alumnos de la escuela se opone fuertemente y comienzan las tratativas para declarar al edificio Monumento Histórico Nacional y así evitar su demolición.
En Septiembre de 1975 el Honorable Congreso de la Nación sanciona la ley 21.181 que declara a la Escuela Normal Nº1 de Profesores Presidente Roque Saenz Peña como Monumento Nacional, hecho que pone un freno a la demolición de la escuela pero que no logra salvar el sector sobre la calle Riobamba que ya había sido demolido aprovechando los baches legales y las divergencias de opinión en relación a su valoración.
En 1976 la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos aconseja nuevamente desafectar al bien como Monumento Nacional a los efectos que pueda levantarse el edificio del Centro Integral de Educación, pero unos meses más tarde  manifiesta que podría separarse de la demolición la “parte noble” ( la más antigua)  del edificio que podría ser considerada  de interés histórico a los fines de su conservación.
A partir de esta opinión de la Comisión Nacional comienza el estudio de alternativas que permitan la protección de parte del edificio a la que anteriormente había calificado como carente de méritos para ser declarada Monumento Histórico.
Será recién en 1978 en que el Presidente de la Nación  Argentina sanciona y promulga  la ley 21.853 que sustituye el artículo 1º de la anterior ley, la 21.181 y que declara “Monumento Histórico a la parte noble y más antigua del edificio de la Escuela Normal Nº1 de Profesores Presidente Roque Saenz Peña sita en la Av Córdoba 1951 de la Ciudad de Buenos Aires y que comprende  el sector de la fachada principal correspondiente al vestíbulo de acceso, escalera principal, dirección y biblioteca hacia la calle Riobamba…”

 Proyecto final. Arq. Rosetti.

                                                                              
Todos estos hechos determinan el fin del proyecto que planteaba la demolición total del edificio para construir el Centro Integral de Educación ya que se establece que se deberá adecuar el proyecto de la Dirección Nacional de Educación a la nueva realidad que mantiene intacto el frente sobre la calle Córdoba y es por eso que se inician las obras que permitirán ocupar el resto de la manzana no protegida por la declaratoria citada.
Finalmente, por decreto 437 del año 1997 y en cumplimiento de las precisiones establecidas en la Carta de Venecia y siguiendo los criterios actuales de preservación del patrimonio, se establece necesario extender la declaratoria de Monumento Histórico Nacional al sector correspondiente de la Av Córdoba desde el vestíbulo de acceso hasta la calle Ayacucho y al ala oeste sobre esta misma arteria hasta la calle Paraguay con lo que se salva este sector al que el proyecto original de declaratoria obviaba.
Al día de hoy el nuevo edificio ocupa gran parte de la manzana ubicándose su fachada principal sobre la calle Paraguay y laterales sobre Riobamba conservándose solamente del edificio, proyectado en las distintas etapas, las fachadas sobre Ayacucho y la Av Córdoba.
El edificio ha sido cortado abruptamente dando como resultado medianeras que  en algunos casos han sido revocadas, en otros, como en los del ala central,  han quedado cortados los arcos de sus galerías como mudo testigo del pasado y en la fachada de Ayacucho y Paraguay se ha resuelto el problema ubicando una escalera de emergencia y generando un acceso vehicular al patio NO, en el cual se han demolido agregados posteriores a su construcción.
A partir de la irrupción del nuevo edificio se han perdido las rejas y pilastras perimetrales así como también se han multiplicado los accesos al edificio perdiendo con ello coherencia sus circulaciones. La vinculación entre los edificios está pésimamente resuelta y el diálogo proyectual entre uno y otro edificio es nulo.

                                       Planta Conjunto. Dibujo del Autor

Como podemos observar todos estos hechos tienen como principal perjudicado al edificio de la escuela, ya que si entendemos que los  bienes patrimoniales no son renovables, cualquier alteración de este tenor es irreversible y todos estos dichos quedan perfectamente reflejados en la actualidad del Normal Nº1.

Fotografía del autor.



Fotografía del autor.
Fotografía del autor.





















El desarrollo de estos hechos en el tiempo nos permiten observar situaciones repetitivas también en otros edificios similares, como ser que con la excusa de su deterioro siempre existen proyectos iluminados que no dudan en hacer tabla rasa con estos edificios.
Es habitual que en el transcurso de las discusiones sobre su futuro, se aprovechen estos tiempos para demoler sectores enteros de los edificios o desmantelar elementos de los mismos, ya que  debido  a la carencia en muchos casos de protección legal y a la desidia de los gobernantes y organismos de control,  se aprovechan de esas situaciones para volver irreparable el daño.
La carencia de catalogación de los mismos conspira muchas veces a esa valoración, que muchos actores interesados reducen para desmerecer los valores de los edificios y así poder desarrollar sus propios proyectos contrarios al respeto que todo bien patrimonial de este calibre debe poseer.
Los resultados de las intervenciones, en la mayoría de los casos, son de pésima calidad ya que en esa lucha de intereses se ven acotados los alcances de las intervenciones, se ven afectados los flujos de fondos ante el descrédito que implica la publicidad de estos hechos y por ende casi nunca se terminan de intervenir con los consiguientes perjuicios que esto genera.
Lo singular del caso es que una buena intervención, sin demoler al edificio o partes de el, son posibles y hubiesen permitido mantener las características del edificio original y en diálogo con lo existente, potenciar las características del edificio.
El arquitecto Brandáriz refiriéndose a las intervenciones en este tipo de edificios señala que:
La adaptación de estos edificios es fácil y su costo es menor del que suele imaginarse. En segundo lugar, los edificios con historia tienen un valor agregado que es de gran utilidad para la educación. Es como si el eco del pasado estuviera aún contenido entre sus paredes, transmitiendo mensajes enriquecedores. La tradición es un capital y no un lastre. Una Escuela por cuyas aulas han pasado generaciones anteriores es una escuela poblada de significados.
Pero aquellas escuelas  sarmientinas,  además, tienen una especial  virtud. En ellas el aula es distinta al patio y éste es distinto al salón de actos. Tantas y tan marcadas diferencias no eran
casualidades. En el diseño de aquellos edificios, se tomaba como premisa que los ámbitos debían ser adecuados a la actividad que en ellos habría de desarrollarse. De ese modo, un salón de actos tenía las dimensiones, las proporciones, la forma y la decoración adecuadas al recinto para una ceremonia. En tanto, el patio estaba diseñado como el ámbito de la distención”[3]
Quizás haya que ser más persuasivo para mostrar las ventajas de actuar con criterios acertados y así poder llevar a cabo proyectos que serán de un fuerte compromiso con las sociedades que los cobijan.
Gobernantes, inversionistas (públicos o privados) , profesionales y ciudadanos deben mancomunadamente bregar por la preservación de los bienes patrimoniales, legado de las viejas generaciones, entendiendo a la preservación como una operación para poner a salvo al edificio del paso del tiempo y que esas intervenciones permitan mantener un equilibrio entre lo nuevo y lo existente, entre “la memoria del pasado y el proyecto del futuro”.

Italo Calvino, en su Ciudades Invisibles se refería a la ciudad de Zora: “Inutilmente he partido de viaje para visitar la ciudad de Zora. Obligada a permanecer igual a si misma para ser recordada mejor, Zora languideció, se deshizo y desapareció”.[4]
Quizás la metáfora de la ciudad de Zora nos permita comprender que los edificios al igual que las ciudades deben adecuarse a  las realidades actuales, conservando aquellos testimonios del pasado e interviniendo con técnicas y criterios contemporáneos que puedan diferenciarse de las de antaño pero sin caer en la caricatura que falsifique su historia y valores, y que les impida reconocer en ellos las características adquiridas en el tiempo.

  

Enseñanzas.

Durante la presidencia de Francois Mitterand (1981/1995) se encararon en París  las obras del “Gran Louvre” tendientes a incrementar la superficie de exposición del museo a partir del traslado de algunos sectores ocupados por oficinas gubernamentales y a la realización de un proyecto de intervención que abarcase al  Palacio Real del Louvre.
Este edificio ubicado en la margen derecha del río Sena fue la vieja residencia real hasta que en 1682 fue  trasladada a Versalles. Fue también sede del gobierno y en sus orígenes una fortaleza medieval que cubría defensivamente el sector norte de la ciudad de París.
A partir de su asunción, Mitterand pone al  proyecto como una prioridad de su gobierno para lo cual  nombra a Emile Biasini para que estudiara la viabilidad del proyecto.
Para ella se encarga el mismo al arquitecto sino-estadounidense Ieog Ming Pei (1917) quien tenía una gran experiencia profesional al diseñar edificios emblemáticos como el Johnson Museum of Art en Ithaca, EEUU (1976), el East Wing of the  National Galery of Arts de Washington (1978), el J.F.K Library de Boston (1979) entre los más importantes.
Pei, consciente del desafío,  no acepta de inmediato el encargo ya que “necesitaba 4 meses para investigar y explorar el proyecto antes de aceptarlo. Tenía que estudiar la historia de Francia antes de cualquier intervención”.
Una vez aceptado el encargo  propone la construcción de una pirámide de vidrio y acero que serviría de acceso principal al museo, hall a partir del cual se accede a los distintos niveles del viejo palacio y a los nuevos sectores diseñados bajo el patio, hoy imprescindibles en todo museo moderno, como cafeterías, auditorios, librerías, salas especiales, etc.
Esta dicotomía entre lo viejo, el palacio, y lo nuevo, la pirámide, marca un perfecto diálogo entre el ayer y el hoy, un contrapunto de tecnologías y modos de construir que han convertido a la pirámide en una obra de arte en sí mismo.
  
Museo del Louvre.http://turismo.org/museo-del-louvre/

Al iniciarse las obras de excavación se detectaron numerosos vestigios del pasado de la ciudad, ya que por su ubicación, vecina al río Sena y al norte de la Paris fundacional, el palacio se ubicaba sobre la vieja fortaleza medieval del siglo XII. En el transcurso de las excavaciones se detectaron sus restos y en especial los de una de sus torres, el Donjon.
Conscientes del hallazgo las autoridades francesas le otorgan a los arqueólogos casi un año para desarrollar sus tareas, con lo que ello implicaba en el cronograma previsto de las obras.
Los hallazgos realizados eran de tal valor que determinarán finalmente la adecuación del proyecto presentado por Pei al descubrimiento realizado de los restos de la torre, y a su inserción como un atractivo más del museo.
 Quizás estos hechos muestren una enseñanza en como la cooperación interdisciplinaria entre los distintos actores culturales y el gobierno francés pudieron llevar adelante el desarrollo de esta intervención. Para los gobernantes, el atraso de las obras pudo causar perjuicios políticos al igual que al arquitecto Pei, ya que el descubrimiento de los restos medievales lo obligaron a realizar nuevamente el proyecto, pero queda claro que con la inauguración de la pirámide en 1989 se logra convertir al museo del Louvre en un atractivo único de la capital francesa y al Donjon en una de sus máximas atracciones.


 Desvaríos.

A partir del año 1997 comencé el estudio de la arquitectura e historia  del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.
Este emblemático edificio es quizás el último exponente en pie de la arquitectura hotelera en los centros de veraneo de fines del siglo XIX.
Construido por el Banco Constructor de La Plata, entidad fundada en 1884 que basó su éxito en la compra y venta de tierras y en la propia especulación financiera, la crisis de 1890 impidió que el proyecto de desarrollo de Boulevard Atlántico (Mar del Sud)[5], con el hotel como emblema, se llevara a cabo y será recién en las primeras décadas de siglo XX que comenzará a funcionar como tal.

Hotel Boulevard Atlántico. Mar del Sud.1945. Archivo Pablo Grigera.

Este edificio academicista con planta en peine conformando dos patios, ocupa la mitad de la manzana estableciendo un corte abrupto en relación a la mitad restante de la misma. Quizás esa negación del contrafrente presuponga algún futuro crecimiento, lo cual, como hemos visto en el caso del Normal Nº1, era habitual, al no poder realizarse el edificio en una sola etapa.
Posee un marcado eje de simetría enfatizado en sus fachadas y en su acceso principal materializado en su única escalera de madera.


Planta Baja del Hotel. Folletería propaganda 1934-1935. Archivo Valeria Schweitzer de Arzac.


La pureza de sus líneas es aún distinguible pese a los crecimientos que ha sufrido el edificio en el transcurso del tiempo en especial en lo referido a dotar de áreas de servicio al hotel, de las que originariamente carecía en la escala necesaria para satisfacer los nuevos requerimientos hoteleros y que determinaron la creación de un tercer patio, el de servicio.
Se desconoce la autoría del edificio pero, dada su presencia en el Consejo de Administración  del banco, podríamos suponer que el arquitecto Juan A. Buschiazzo y su estudio profesional, no debió ser ajeno a su realización.
El edificio fue construido a partir de 1890 y hacia 1894 estaba concluido en su exterior tal cual atestiguan las fotografías más antiguas que se conservan y que datan de 1894 en las cuales se observa, a diferencia de las fotos posteriores,  la falta de rejas perimetrales y de la presencia de la crestería de su cumbrera y otro diseño en las claraboyas de su mansarda.
Este edificio es un notable ejemplo de los tipos y formas constructivas de fines del siglo XIX y que aún se mantienen en el mismo. Sus forjados de madera cubiertos de pinotea nos retrotraen a tiempos pasados donde la dificultad de obtener perfiles normalizados de hierro era habitual, y más en este caso donde la logística necesaria para proveer al edificio de materiales de construcción debió ser muy dificultosa. Es por eso que uso se reduce a lugares puntuales del edificio, como galerías y balcones.
Su mansarda de pizarra esconde cabriadas de madera de increíble factura y belleza así como aún es posible encontrar bellas fallebas y elementos de cierre que se empecinan en permanecer en el edificio.
Sus solados de mosaico y hasta alguna baldosa francesa Pierre Maurel engalanan sus patios y galerías sobreviviendo al paso del tiempo.
Quizás su difícil acceso, la poca publicidad de Mar del Sud como localidad balnearia, la falta de caminos asfaltados (llegó en 1987) y la no llegada del ferrocarril, hayan contribuido a que se mantenga a resguardo del turismo masivo y por ende se haya mantenido a través del tiempo.
Otros congéneres con los que pensaba rivalizar han sido demolidos, como el Bristol Hotel  de Mar del Plata (1888). Sólo el hotel Quequén de 1895 se mantiene en pie dentro de la categoría de hoteles realizados en los centros de veraneo al igual que otros emblemáticos, como el Hotel Las Delicias de Adrogué y el Tigre Hotel, también han desaparecido.
Desgraciadamente el paso del tiempo ha hecho estragos en el edificio, pero pese a permanecer clausurado desde mediados de la década del 90’, sus lineamientos proyectuales principales permanecen aún sin sufrir grandes alteraciones.

Marzo de 2012 deberá ser recordada como la fecha del inicio del desmantelamiento del contrafrente del edificio. A partir de rumores que hablaban de la venta en paquetes de los pisos de pinotea de las  habitaciones del hotel, fue posible advertir que el saqueo no se contentaba sólo con  ese botín ya que también fueron desamuradas y vendidas a corralones locales alrededor de 40 puertas correspondientes a las habitaciones de los patios, desmanteladas sus cubiertas y entrepisos de madera.
Lo que no pudieron hacer  los años, el clima y las crisis durante más de 120 años,  en un cortísimo período de un mes o quizás más el mal accionar humano destruyó para siempre un pedazo enorme de este invalorable testigo de  la arquitectura de fines del siglo XIX en los centros de veraneo.
Como siempre ocurre,  los avisos no fueron suficientes, y su contrafrente rodeado de vegetación espesa, el perfecto camuflaje para pergeñar  tamaño atentado.
El criterio quirúrgico del desmantelamiento ocultaba algo, se presentía, no podía ser casual. Si bien el actual poseedor del bien ha realizado modificaciones, vendido pizarras, postigones, mobiliario  o fallebas del hotel, nunca se había atrevido a tanto, quizás sus sueños de verlo nuevamente en funciones  le impidieron durante tantos años  traspasar esa barrera, pero desgraciadamente a partir de los hechos relatados  las cosas cambiaron definitivamente.

Vista patio SE.  Febrero 2012 
 
 Vista del patio SE. Marzo de 2012
                                        
Las reacciones no se hicieron esperar, notas periodísticas en radios y periódicos[6] se hicieron eco del desastre al igual que asociaciones civiles y particulares alarmados por lo que estaba ocurriendo. Fueron presentados pedidos de explicaciones al Intendente y a la fiscalía de la provincia, poseedora del expediente sobre la herencia vacante del edificio, pero los tiempos de la justicia y los de la política son muchos más lentos de los que desmantelaron  el edificio.
Un tiempo después pudimos empezar a entender la sinrazón ya que fue presentado ante los medios locales y ante el propio intendente un proyecto de intervención del Hotel Boulevard Atlántico en el que se suprimía el ala central de habitaciones que dividía sus dos patios.


       Planta Baja  del proyecto del Hotel Boulevard Atlántico.Grupo Marum.    


Reconstrucción de la Planta baja del hotel. 1891. Pablo Grigera,arq


Si tomamos como cierto que , y tal cual lo demuestra la página web del emprendimiento, el proyecto se inicia en febrero de 2012, sus responsables no pudieron estar ajenos a este hecho en flagrante contravención con las leyes y reglamentaciones municipales vigentes.
Se propone la demolición del ala central desconociendo el valor que esta tiene en la historia del hotel y en los modos de habitar de este edificio decimonónico, con lo cual se hablará del patio y no de los patios del hotel, proponiéndose incluso, según se puede observar en los planos de la intervención, la remoción de las centenarias palmeras, testigos principales  de sus más de 120 años de historia.
El proyecto plantea la construcción de viviendas en la mitad posterior del terreno así como la erección de un centro cultural en el sector NE del terreno que ocupa el hotel, donde antes se ubicaba el área de servicio del mismo. La implantación de los distintos proyectos en el terreno nos permiten inferir ciertas conclusiones:

Se propondría la demolición de los extremos de las alas del hotel con el fin de que se puedan ubicar tanto la pileta de natación proyectada como el edificio Marum Tigra, prueba de ello es que el edificio original ocupa la mitad del terreno es decir 43,33m y presenta un cierre abrupto
hacia el terreno del fondo, decisión muy clara desde el punto de vista proyectual, adoptada por sus proyectistas originales, ya sea con el fin de ocupar el resto de la manzana con posterioridad o quizás en erigir un edificio simétrico al original.
Si observamos con detenimiento en los planos presentados del proyecto, el edificio del hotel ocupa menos de la mitad de la manzana y presenta seis ventanas laterales en vez de las siete originales. O creció la manzana proyectada por Juan Eugenio Moy[7] o se redujo la superficie del hotel, siendo este hecho de una gravedad importante ya que si los planos que aparecen en la página web del proyecto son a escala , lo cual parece ser cierto, se demolerían aproximada-mente 3,55m del edificio que son los que corresponden  al último recinto, los baños, de cada una de las alas. Entendemos estos hechos con una grueso error de los proyectistas  que publicitan la puesta en valor  del edificio, pero priorizan la ubicación de la pileta y el complejo Marum Tigra en detrimento del Hotel Boulevard Atlántico al que pregonan rescatar.


La implantación del EVAA, sugiere que la distancia entre este edificio y el hotel no excede los 5m, peligrando las condiciones de habitabilidad de las habitaciones proyectadas así como será muy fuerte  el impacto sobre la acera de la calle 13.
La imagen renderizada no condice con la implantación del edificio ni siquiera con su geografía ya que pareciera divisarse un incremento del sistema de Tandilia hacia la zona de La Ballenera, si es que esa imagen está referida al futuro proyecto.

La escalera actual del hotel se encuentra más alejada que en el proyecto de intervención lo cual presupone la demolición total de la misma así como de todos los interiores del edificio, según se puede observar,  proponiéndose un simple “fachadismo” en vez de una real intervención que preserve los valores y potencialidades del edificio, utilizando terminología que aparenta respetar la historia y la condición del edificio cuando en realidad lo único que se intentaría respetar es la fachada principal, ya que las laterales como hemos visto han sido cercenadas en más de 3,50m.
Se habla de salones de la “belle epoque”, cuando en realidad nunca existieron como tales en la planta alta, si no que fueron simples habitaciones, desvirtuando la historia real del edificio y haciendo creer de su existencia como un fin prestigioso de propaganda para el alquiler de los mismos.

No queda clara la interacción entre la mansarda y el tercer piso agregado ni el diseño de las fachadas interiores. Se proponen habitaciones en la mansarda cuando estucturalmente se hace inviable por el entramado de cabriadas y la imposibilidad de iluminar y ventilar a las
mismas por las pequeñas ventanas existentes , lo cual permite inferir el desmantelamiento de la estructura de las misma en pos de agregar un piso de habitaciones al hotel con el consiguiente daño patrimonial a la estructura de la mansarda ejecutada magistralmente por los artesanos que la realizaron.

La demolición de amplios sectores  del edificio presuponen  la pérdida total de materiales, sistemas constructivos y tecnologías propias del siglo XIX que son de un valor incalculable así como el nuevo proyecto desconoce o hace caso omiso a la conservación de los criterios compositivos propios de la arquitectura  academicista, lo cual representa una enorme pérdida. Las acciones de marketing utilizadas para dar a conocer el proyecto, la publicidad en medios, blogs, etc. emplean verdades maliciosas con tal de reforzar el prestigio del emprendimiento dando a entender la participación y aceptación del proyecto  por parte de personalidades e instituciones prestigiosas sin que ellas hayan dado su consentimiento ni apoyo al proyecto.
El escaneo de imágenes referenciales pertenecientes a otros ámbitos permiten reforzar la idea del proyecto generando confusión en relación a los espacios que representan.

La seguidilla de referencias erróneas con referencia a su historia nos permiten suponer un nulo conocimiento de su pasado, errores manifestados en: suponer la fecha de construcción en 1880; el nombrar al proyecto erigido en 1890 por el Banco Constructor de La Plata como Mar del Sud , cuando en la realidad el proyecto se denominaba Boulevard Atlántico; nombrar al Partido de General Alvarado como cobijo del proyecto cuando en realidad  pertenecía al Partido de General Pueyrredón; la mención del traslado de inmigrantes judíos a las Colonias Santafesinas del barón Hirsch [8]en vez de Colonias Entrerrianas.  Todos estos errores infantiles refuerzan la idea de la poca rigurosidad empleada por los hacedores de la página en comprender su historia en contradicción con la importancia que se pregona en rescatar al edificio y ponerlo en valor.
El texto que resume la historia del hotel en la página  del grupo inversor demuestra que las reuniones realizadas con las personalidades mencionadas no parecen dar los frutos que se proclaman ya que es incomprensible que los datos volcados a la misma reflejen el sinnúmero de errores que  esta presenta y que cualquiera de los especialistas nombrados hubiese podido subsanar o quizás haya que entender a estas reuniones como una simple cortina de humo para mostrar la participación de estas personas y con ello dotar de prestigio al proyecto.

¿ Podemos pensar entonces y en relación a lo antes expresado que la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos  pueda avalar la demolición del interior de un edificio que aspira  a ser Monumento Histórico Nacional o aceptar el recorte de sus alas laterales en más de 3,50m para favorecer la implantación de una pileta y de un edificio de viviendas ? ¿Podemos creer que la imagen del EVAA que aparece en la página web del proyecto pretenda representar los deseos de sus desarrolladores para el espacio cultural sin considerar en lo más mínimo el entorno en el cual se quiera  implantar que inclusive presenta montañas de fondo? ¿Podemos creer que la historia del hotel escrita en la página web fue realizada por alguna de las personas mencionadas en ella que conocen la historia del edificio en profundidad pero que evitarían cometer la profusión de errores alarmantes que esta presenta?
Creemos que esto es  sólo un mero acto discursivo que reafirma que el verdadero interés del grupo inversor no está en preservar el Hotel Boulevard Atlántico ni ponerlo en valor sino en hacer uso de su prestigio para la venta  de las unidades de vivienda y con ello financiar al resto del edificio. Si esto fuera acertado se podría discutir este punto ya que sería genuino obtener financiamiento para recuperar el hotel de la venta de viviendas, lo que es indiscutible es que no se puede cercenar el edifico para ubicar una pileta y un edificio de vivienda, lo cual nos hace pensar que la única manera de ubicar las viviendas y dar “escala” a sus piletas era demoliendo el ala central, quedando así de manifiesto el papel secundario que representa el edificio del hotel 
El lanzamiento en preventa de las unidades del complejo Marum Tigra  presupone la idea de que los problemas legales referidos a su dominio están solucionados, lo cual carece de certeza vendiéndose unidades de un complejo del cual la titularidad de las tierras y el estado dominial en las cuales se asienta es una incógnita.
La vista gorda de leyes y reglamentaciones preocupa, no por la inexistencia de las mismas sino por la falta de aplicación de resoluciones y leyes sancionadas por el municipio, mostrando en estos casos  una gran ambigüedad ante lo que se desarrolla. Entender que cualquier solución al problema del Hotel Boulevard Atlántico es buena para el municipio es claudicar ante proyectos que puedan desvirtuar definitivamente sus valores patrimoniales. Si entendemos al patrimonio como un bien no renovable, estas acciones que pretenden desvirtuar tan profundamente sus características arquitectónicas, serán un golpe definitivo del cual no habrá vuelta atrás convirtiendo al edificio en una simple cáscara vacía de significado. Creo que la potencialidad y belleza del edificio merecen otro futuro.
Pero ¿cuál fue el criterio empleado para realizar el proyecto de  intervención del edificio? ¿ en qué estudios y documentos se basaron sus nuevos proyectistas para desmantelar un ala completa del edificio?  El justificativo de su mal estado o la poca escala de sus patios no parece ser suficiente para descartar las más de 40 puertas, pisos y cubiertas que perdió el edificio.
Quizás este proyecto haya sido el vía libre para que el “propietario” hiciera su propio negocio vendiendo las carpinterías a los corralones locales y la pinotea a los carpinteros del lugar. Es decir se han vendido más de cuarenta carpinterías y decenas de metros cuadrados de pinotea que representaban un patrimonio invalorable y que en el caso de las carpinterías eran la imagen característica de sus patios. Esto  confirma que la intervención proyectada lo único que plantea es rescatar su fachada haciendo tabla rasa con el resto.

Paquetes de pinotea embalados y listos para la venta.
 
 Ladrillos correpondientes a las cubiertas de la galería.
        
Hemos perdido la oportunidad, aventuro por falta de conocimiento, de rehabilitar al edificio, de recuperar sus líneas, las que pensaron sus proyectistas, la que permitía hablar de sus patios y no del patio, la de su escala, la de los sanitarios en los extremos de las alas como reflejo de un modo de habitar propio de fines del siglo XIX, la de sus techos altos, y carpinterías con postigones.
Esto no significa que el edificio no deba ser aggiornado ya que es imposible imaginar habitar un edificio de estas características en pleno siglo XXI sin el confort necesario, sin habitaciones con baño privado, buenas aislaciones, calefacción, aire acondicionado, etc., pero tampoco podemos ignorar su historia.
A mi entender  y pese a su estado el HBA podía ser recuperado, obviamente se necesita del aporte privado para hacerlo, educar al inversor, mostrarle las ventajas de su rescate, mostrarle 
los criterios de intervención, las posibilidades que el edificio posee y evitar así que se convierta en una caricatura. Debemos recordar lo que pasó, divulgar lo sucedido, para así tomar conciencia e impedir que este tipo de desatinos se vuelvan a producir.
Ahora bien, como llegamos a esto , ¿no hay reglamentaciones, declaratorias que protejan al edificio?. Lo triste es que si las hay pero ningún organismo competente fue capaz  de ejercer el control necesario para evitar el desastre y encontrar vías de solución al problema histórico del hotel: los relativos a su dominio.
A estas alturas  una solución privada que intervenga sobre el hotel, por mas errónea que sea, será también una solución política a un tema que ya de por si se ha vuelto incómoda para el gobierno municipal.


 
Vista patio NO.  Febrero 2012  
                                         
Vista del patio NO. Marzo de 2012

En el año 2000 se sanciona la ordenanza municipal  307/00 denominada Código de Preservación Patrimonial . Esta ordenanza marca un avance muy importante en la protección de los bienes patrimoniales del municipio y tiene por objeto: establecer las acciones de preservación protección de bienes muebles e inmuebles, públicos o privados  considerados componentes del patrimonio cultural, histórico, arquitectónico, urbanístico y paisajístico y ambiental tutelados por la Constitución Nacional y la de la Provincia de Buenos Aires.
Su importancia radica también en establecer la tutela oficial de los bienes patrimoniales del Partido de General Alvarado y proponer  acciones de registro, inventario, relevamiento de edificios y conjuntos, etc.
Dentro de sus objetivos propone formular pautas jurídicas, económicas y técnicas para lograr una adecuada preservación de los bienes. También el  proponer programas de restauración,
conservación, investigación y convenios de cooperación con  otras dependencias municipales y gestiona la cooperación  de la Comisión Nacional y Provincial de Monumentos Sitios y Lugares Históricos, etc.
La ordenanza prohíbe en su artículo 8º “toda acción sobre los bienes declarados de interés patrimonial que impliquen cualquier construcción, modificación, alteración, ampliación, etc. salvo la autorización del municipio.”
Esto entraría en conflicto con lo sucedido a partir de marzo de 2012, ya que la ordenanza municipal es clara en referencia a los hechos acontecidos, además en su artículo 1º no hace diferencia entre bienes públicos y privados, siendo este último el caso del Hotel Boulevard Atlántico, que puedan ser declarados de interés patrimonial.
Ahora bien, ¿existe alguna declaratoria de interés patrimonial surgida a partir de la sanción de la ordenanza 307/00? No lo sabemos con certeza pero es necesario recordar que el hotel fue declarado Monumento Histórico Municipal por ordenanza nº 247 del año 1988[9], como de interés histórico según la ordenanza  nº 223 del año 1973 y de interés cultural e histórico ante la  Cámara de Diputados en el  año 2003, todos ellos sobrados antecedentes que nos permiten creer que este edificio deba estar amparado en esta ordenanza  denominada Código de Preservación Patrimonial.
Es importante resaltar también que la ordenanza permite establecer sanciones a los infractores de la misma, ya sean propietarios de los bienes patrimoniales como a los profesionales intervinientes, mencionando también “la restitución al estado anterior de las cosas, si eso fuera posible”.
Es decir que la presente ordenanza establece límites muy claros que en el caso del Hotel Boulevard Atlántico han sido violados impunemente, siendo el gobierno municipal el único contralor que existe y que permita evitar que estas situaciones se sigan  repitiendo constantemente y que sean ocultadas con presentaciones mediáticas que no hacen otra cosa que esconder el problema real del hotel, que es el de su propiedad.

Esperemos que  la imagen del cartel de obra o propaganda que se ha colocado en el frente del mismo no sea un reflejo de la seriedad de la propuesta, que como sabemos insumirá una enorme cantidad de dinero, que los mismos desarrolladores calculan en 30 millones de pesos, para rehabilitar tanto al edificio como a la realización de los otros edificios proyectados, ya que si así fuera estaríamos perdiendo, y ya definitivamente, a este único exponente de la arquitectura hotelera en los centros de veraneo de fines del siglo XIX.

               Archivo Pablo Grigera.


Conclusiones.

La historia del Hotel Boulevard Atlántico tiene puntos de coincidencia  con la del Colegio Normal Nº1 y es por eso que muchas veces su conocimiento puede servir de referencia para evitar que se vuelvan a producir hechos como los anteriormente narrados.
Si bien es un bien privado, a diferencia del Colegio Normal Nº1, el Hotel Boulevard Atlántico posee valores arquitectónicos tan importantes como los del colegio , al ser uno de los pocos referentes, si no el único de su especie en la Argentina y que lo convierte en un objeto a preservar.
Como bien decía el arquitecto Brandariz en referencia a los edificios que componen nuestro patrimonio escolar “heredamos un buen número de edificios de de calidad y jerarquía que resulta indispensable preservar”. Quizás haya que hacer extensivo este concepto en relación a los edificios referentes de la arquitectura hotelera de los cuales el Hotel Boulevard Atlántico es un representante único, no sólo por sus valores arquitectónicos e históricos sino también por lo que representan para la sociedad que lo cobija.
Sus líneas academicistas reflejan un modo de hacer y pensar la arquitectura que es la propia de fines del siglo XIX y creo es necesario respetar.
La existencia de ONG y particulares contrarios a las propuestas que se han presentado para rehabilitar el hotel, nos recuerdan las luchas de la asociación de ex alumnos del colegio al igual que los baches legales y la no aplicación de las leyes vigentes sancionadas, a las pobres respuestas dadas por el Municipio de Gral Alvarado en respuesta a los sucesos acontecidos en mayo de 2012.En este caso en vez de ser las alas sobre la calle Riobamba y Paraguay, han sido las alas interiores del hotel las que se vieron afectadas por la piqueta.
La indiferencia de la sociedad, en espera que las loas que los desarrolladores hacen del proyecto de rehabilitación se haga realidad, adormece la respuesta social a hechos que son repudiables haciendo también la vista gorda a delitos premeditados.
Las promesas de un futuro mejor, a partir de seductoras ofertas y posibilidades laborales, son comprensibles en relación a la población de Mar del Sud, pero también enturbian  la correcta apreciación de los hechos.
Esperemos que al igual que en el caso del Normal Nº1, una posible declaratoria de Monumento Histórico Nacional o Provincial en relación a su fachada principal y que seguramente será buscada por los desarrolladores del proyecto, no esconda todo el daño realizado ya que habremos claudicado en el intento de poder hacer una declaratoria de la totalidad del edificio.
Tomar como ejemplo la actitud del arquitecto Pei y tomarse un tiempo para estudiar que hacer, conocer la propia historia del lugar, realizar estudios previos sobre su estado, sus valores y potencialidades, sobre la arquitectura del propio hotel en oposición a los esbozos de intervención que se presentan al Municipio y que deberán ser aprobados por este pese a las ordenanzas existentes que impiden toda intervención. De hacerse lo contrario estaríamos dando un golpe final a la historia del edificio.
Para ello el papel de los organismos encargados de velar por la preservación del patrimonio es vital; no podemos permitirnos mantener criterios disímiles de valoración del bien porque sabemos que las consecuencias de esos vaivenes los sufre el propio edificio.
Quizás valga la pena recordar el caso del Normal Nº1 y nos preguntemos ¿ Cómo fue posible su demolición? ¿ Cómo fue posible permitir tremendo atentado?
Al día de hoy el Colegio Normal Nº1 es una sumatoria de partes inconexa, fruto de todos los avatares mencionados, esperemos que el destino del Hotel Boulevard Atlántico pueda ser direccionado hacia un proyecto de intervención que permita rescatar sus valores y lineamientos. Cuando el arquitecto Brandariz plantea la facilidad de adaptar los edificios escolares a las nuevas exigencias , creo firmemente que esto es aplicable también en relación a la arquitectura hotelera y en particular al Hotel Boulevard Atlántico.
Aún es posible cambiar, la enseñanza del Louvre nos lo demuestra en la grandeza y sensibilidad de sus hacedores. Estamos a tiempo, pero Gobierno Municipal, inversionistas, pobladores y amantes del hotel tienen que tomar cartas en el asunto y evitar así repetir historias que como ya hemos visto no tiene un buen final.

Allá por mediados de la década del 90’ mi tío, un fanático de los autos, había adquirido un Volvo usado. El mote de ser el auto más seguro de plaza fue un imán para que con muchísimo esfuerzo adquiriera uno. Líneas agraciadas, detalles de tecnología, un baúl enorme y el plus de su segura carrocería.
Mi tío trabajaba en la construcción e iba de aquí para allá visitando sus obras, pero el surgimiento de un trabajo en un country de Pilar, por aquellos años en incipiente crecimiento, lo hizo hacer sus cuentas y a instancias de un mecánico amigo buscar una solución al tema del costo del traslado.
Su mecánico le aconsejó que dotara al auto de gas ya que el costo del mismo era por esos años muy inferior al de la nafta. Para ello había que colocar en el baúl un tanque de dimensiones considerables y modificar la mecánica original del coche.
Mi tío no dudó un instante y aceptó la propuesta de su mecánico entendiendo que pese a perder espacio en el baúl  y modificar la mecánica del auto, esta era la mejor manera de ahorrar dinero en el traslado diario a Pilar.
Por fuera su celeste metalizado relucía orondo, por dentro en su motor, nada parecía reflejar su mecánica original.
Un día  fue invitado a una reunión del Club de Amigos del Volvo, creyó tocar el cielo con las manos, era su sueño, era un privilegiado de  poder participar de esa cerrada cofradía y en la categoría principal, pero esa primera reunión no fue lo que esperaba: la mecánica original alterada y  la presencia del tubo de gas fueron la comidilla entre los presentes que observaban atónitos tamaña incongruencia.
Ya no era lo mismo, para algunos era una aberración, para otros su celeste metalizado un reflejo brillante que opacaba lo demás pero, al fin de cuentas,  seguía siendo un Volvo. Pese a todo mi tío fue aceptado en el club, pero no en la categoría principal, tuvieron que crear una nueva categoría que pudiese abarcar a esos autos extraños, modificados y que empezaban a ser moda: los tuneados.
Lo que no pudo comprender en su momento al tomar su decisión, quizás influenciado por su mecánico y por su desconocimiento de las reglas establecidas por el Club de Amigos del Volvo, es que debió mantener el auto en su estado original, podía haberlo hecho, era una joya y era posible valorizarlo manteniendo su esencia, preservarlo.
Hacia fin de esa década el Club de Amigos del Volvo premiará al auto de mi tío como el de mejor apariencia, ya que su celeste metalizado era una muestra cabal de la calidad de los tintes originales y  cada vez que frente a un semáforo alguno le decía: que bien suena su auto, se nota que es mecánica europea,  esbozaba una sonrisa y aceleraba satisfecho. 
Muchos años después quise indagar sobre el destino del auto, era como una leyenda familiar, y ante algunas consultas a mis primos pude recabar que luego de sufrir varias alteraciones más en sus ópticas, llantas y hasta en un alerón que  le habían agregado,  terminó sus días en como “auto loco” en el corso de Lincoln ya  que de tan alterado que estaba era imposible distinguir su linaje nórdico.
Hoy alegra con su andar a chicos y grandes que seguramente nunca entenderán ni sabrán que detrás de ese andar alocado se esconden los restos de una obra maestra de la mecánica europea.

agosto 2013








[1]Ernesto Bunge (1839-1902) es el primer arquitecto graduado con ese título en la Universidad de Buenos Aires en 1878. Había realizado sus estudios en Europa recibiendo su diploma en la Real Academia de Arquitectura de Berlín.
Fue el primer presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y su obra es realmente vasta destacándose entre sus principales obras la Penitenciaría Nacional (1872) de la Av Las Heras (demolida), la Capilla Santa Felicitas de Barracas (1876), las cárceles de Dolores y San Nicolás y numerosas viviendas particulares.

[2] El arquitecto Gustavo. A .Brandariz se ha especializado en preservación del Patrimonio, es profesor adjunto de Historia de la Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires  en la Cátedra Bellucci (ex Gazaneo), es profesor adjunto de Museología, legajo Urbano y Legajo Histórico de la Carrera de Especialización en Preservación, Conservación y Reciclaje del Patrimonio Monumental Urbano-Rural de la Escuela de Posgrado de la FADU, UBA, profesor titular de Museografía en la UMSA, etc. Ha publicado numerosas publicaciones, conferencias y exposiciones  y se ha especializado en el estudio de la arquitectura escolar.
[3] El Pensamiento Sarmientino en la Arquitectura Escolar. Gustavo Brandariz
[4] Las ciudades invisibles. Las ciudades y la memoria. Italo Calvino.

[5] A fines del siglo XIX surgirán al sur de Mar del Plata tres emprendimientos urbanísticos que desarrollados prácticamente al mismo tiempo correrán suertes distintas. Miramar (1888), Mar del Sud (a principios 1889) y Boulevard Atlántico (mediados de 1889) tratarán de repetir,  con la venta de las tierras y de todos los negocios que esto aparejaba, el éxito de Mar del Plata como centro balneario. Para ello era indispensable, no sólo poseer las tierras a utilizar para el emprendimiento, sino también logran la llegada del ferrocarril y erigir en algunos casos un hotel, como hito fundacional de la población y eje de los proyectos. Tal es el caso de Mar del Sud y su Gran Hotel y de Boulevard Atlántico con el Hotel Boulevard Atlántico.
Hoy en día conocemos como Mar del Sud a la unión de las dos localidades divididas en dos circunscripciones diferentes, la V para Mar del Sud y la VI para Boulevard Atlántico, siendo esta última la que se desarrolló.
[6] Diario Clarín. 13/7/2012. Denuncian que están desmantelando un emblemático hotel.
Carta de Lectores Diario La Nación, 25/6/2012 y 30/6/2012.
[7] Es muy interesante detenerse un instante en la labor profesional de Moy, quien había obtenido el título de agrimensor en abril de 1884. Entre mediados de 1888 y fines de 1889 aproximadamente, intervendrá en el trazado de Miramar (1888), Nuevo Pueblo de Vecino (General Guido, 1888), de Mar del Sud (1888-1889), de Boulevar Atlántico (1889) , de Quequén (fines de 1889), y del Centro Agrícola Villanueva en Coronel Dorrego (1889) y con posterioridad desplegará su acción en  un centro agrícola en Bahía Blanca, en la Estancia y Colonia Tornquist (1904), en el trazado de chacras del ejido de Tandil siguiendo el trazado de Chapeaurouge (1897) y en  la elaboración del catastro provincial, entre otras labores profesionales.
[8] Mauricio de Hirsch, fue un famoso filántropo judío de origen alemán que logró hacer una enorme fortuna con la realización de líneas férreas hacia el imperio Otomano. A partir de la muerte de su único hijo y heredero, Lucien , decidió utilizar parte de su fortuna en lograr la emigración de miles de judíos rusos perseguidos y hostigados. Muchos de ellos llegarán a nuestro país y serán los iniciadores de la obra del barón fundando colonias en Carlos Casares (Pcia de Buenos Aires) y Entre Ríos así como adquirirá tierras en el norte de Santa Fé donde ya se había fundado una colonia anterior, Moisesville.
El Hotel Boulevard Atlántico fue albergue de un grupo de ellos, entre enero y marzo de 1892, previo a su asentamiento en las tierras de Entre Ríos y que fueron conocidos como los “Pampistas”  por ser el Pampa el barco en el que llegaron a nuestro país entre el 15 y 16 de diciembre de 1891.
[9] Declárase Monumento Histórico Municipal al Hotel Boulevard Atlántico de la localidad de Mar del Sud por su arquitectura, historia y leyenda continuando además los trámites ante la Dirección Provincial de Museos, Monumentos y Sitios Históricos para ser declarado Monumento, Histórico Provincial”. Artículo 1º. En su artículo 2º establece que toda incorporación, arreglo o tarea de embellecimiento deberá ejecutarse respetando rigurosamente su estilo inicial”  así como en su artículo 3º queda establecido “que queda prohibida toda supresión o reforma que pueda afectar su valor arquitectónico cultural”.